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Howard el bárbaro

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Robert Ervin Howard fue el padre de una época inexistente, cielo de un mapa sin nombrar… usó su inventiva para recrear un universo de héroes y leyendas. Fue uno de los padres del género conocido como espada y hechicería creando personajes como Conan el Bárbaro o Solomon Kane. Howard vivió una corta pero intensa vida como escritor. Vivió toda su vida en Texas, por lo que obtuvo el mote a manos de sus amigos de Two Gun Bob o Bob dos pistolas. Sus amigos eran también escritores de la talla de Lovecraft o Clark Ashton Smith y se influenciaban entre ellos. Los personajes de Lovecraft aparecían en las novelas de Howard y viceversa, ocurriendo también con los personajes de Smith. Todos ellos formaban parte de un círculo de escritores de ficción llamado El círculo de Lovecraft, siendo este el fundador y el primero en atreverse a cambiar la literatura de ficción y horror de aquellos años.

Howard obtuvo su reconocimiento en diciembre de 1932, publicando el cuento El Fénix en la espada. Fue la primera historia donde aparecía su creación más importante, Conan y fue el personaje por el que su autor escribió las mejores historias, quedándose este personaje como su “hijo” más querido. El autor creo a otros personajes interesantes como el rey Kull, Solomon Kane, Red Sonja o Mak Morn, todos ellos elementos indispensables para cualquier relato donde tenia cabida el Bárbaro Conan excepto Solomon Kane, personaje perteneciente a otra época mas moderna.

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Robert E. Howard murió a la edad de 30 años, suicidándose de un disparo en la cabeza después de que su madre entrara en coma a causa de una tuberculosis. Compartieron funeral en el cementerio de Greenleaf en Brownwood.

Howard fue un estandarte para la literatura de ficción, recreando un mundo de hechizos y caballeros que aun es admirado con devoción y respeto por muchos lectores en la actualidad, llevándose al cine las aventuras de su héroe mas preciado, Conan el cimmerio.

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El miedo

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Las costumbres, los idiomas, los distintos tipos de miedo. Cada país funciona de un modo distinto. Desde que somos pequeños los miedos se nutren del imaginario que forma parte de las costumbres y la cultura de cada región. En Alemania los niños se despiertan por las noches creyendo que el Golem se los llevará a lo más profundo del bosque. En Transilvania los ciudadanos más arraigados en las creencias populares se sienten amenazados por la dentellada fatal que las convertirá en vampiros ávidos de sangre caliente. Cada cultura esconde a sus monstruos de la misma manera que los muestra mediante la explosión cultural a la que se somete. El miedo forma parte de nuestro propio imaginario, de nuestro modo de vida. Desde pequeños creemos ver seres de ojos rojos escondidos debajo de la cama o saludándonos en rincones desprovistos de luz, de vida. Una vida que se muestra mediante su propia antítesis; la exhibición de la muerte mediante el horror que llevamos dentro. Los monstruos no son otra cosa que un elemento más de nuestra imaginación. El horror es la emoción más antigua e intensa de las que conocemos. El miedo a lo desconocido y a la muerte suscita múltiples síntomas que se manifiestan a través de la mente. Nos cogen de la mano y nos invitan a recorrer el intrincado laberinto de traumas creados en la jaula de nuestra cabeza.

El miedo en sí siempre es el mismo sea cual sea su procedencia; pocos psicólogos pondrían en tela de juicio dicha afirmación. Según Lovecraft, maestro del terror, el terror siempre proviene del propio ser humano. No existe animal que suscite más horror e incertidumbre que el mismo hombre. Este, como creador de sus propios males refleja en el papel su propia desdicha convirtiéndola en seres que provienen del más allá para traerle la desgracia, la muerte, la aniquilación de sí mismo. Valiente paradoja, pero más real que la verdad que el hombre como narrador trata de reflejar en sus relatos. El horror esconde el propio fracaso del hombre como hombre. El sentimiento de culpa nunca será admitido a menos que utilice al fantasma de sus propios miedos. La única manera de admitirse a sí mismo como culpable será mediante el uso del monstruo que lo atenaza con fuerza en la realidad de sus relatos. El cuento de terror es el reflejo de la maldad del ser humano. Los seres arquetípicos, los hombres lobos y los muñecos provistos de maldad se conforman como la extensión de la crueldad humana.

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El espectáculo de lo macabro exige de la sensibilidad del lector para mostrarse en todo su esplendor. El monstruo es incapaz de existir sin imaginación. Esta se encarga de modelarlo, de construirlo a su propia imagen y semejanza. La particularidad del monstruo radica en la complejidad de su creador. Y no por ello tiene que ser el escritor que lo revive en el relato; el lector se encarga de moldearlo a su antojo, de proveerle de ojos rojos y vivos como hogueras infernales, de uñas largas y afiladas y dientes teñidos por la sangre de sus víctimas.

La finalidad del miedo no es otra que la de advertir al lector de que él mismo esconde al peor asesino que nunca haya imaginado. A pesar de su inocencia siempre podrá crear imágenes provistas de perversidad. El poder de la literatura afila la imaginación del hombre, situándola en el pedestal de su imaginario como la más vil de las mentes, la mordaz asesina de sus propios deseos; puesto que el miedo nos paraliza para chulearnos, para impedir que sigamos creciendo espiritualmente. En realidad, somos nuestro peor enemigo. Nos sentimos amenazados por nuestra propia naturaleza y nos sometemos al sacrificio del miedo aniquilando el optimismo y borrando todo el camino que creímos haber creado mediante el autoconvencimiento de nuestra felicidad.

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Lovecraft, creador de mundos

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Howard Philip Lovecraft esta considerado como uno de los hijos más notorios de la novela gótica. Influenciado por autores como Ambrose Pierce o Lord Dunsany, recreó desde la más absoluta soledad, un universo de seres arcanos y dioses sobrenaturales que le otorgaron un absoluto reconocimiento en la literatura fantástica desde el siglo pasado hasta la actualidad. Autor de cuentos tan increibles como ” En las montañas de la locura “, ” La sombra sobre Innsmouth ” o el relato llevado al cine ” Herbert West, reanimador “, Lovecraft dió un paso adelante en el cuento materialista de terror, llevando a los protagonistas de sus historias a un mundo de caos ensordecedor y “confusas manifestaciones reguladas por leyes cósmicas desconocidas”. Lovecraft era un hombre osco y solitario, pero culto y curioso a la vez. Sus cuentos no pasaron desapercibidos por algunos notables escritores, noveles o aficionados, que encontraron en sus escritos una originalidad no exhibida por ningún otro autor de literatura fantástica o de terror, formando así el ” círculo de Lovecraft ” en el que pertenecía Robert E. Howard, creador del universo de Conan el cimmerio. La aparición de Howard Philips Lovecraf y la ultima novela del clérigo Charles Maturin ” Melmoth el errabundo ” supusieron un antes y un después en el ciclo literario de la novela gótica.

Howard fue un hombre ateo que de pequeño fue obligado a leer la biblia y muchos otros libros clásicos pero nunca creyó en ninguno de ellos sino que estaba más interesado en lo fantástico que en lo que querían hacerle pasar por real. De ahí que creara sus famosos “Mitos de Cthulhu“, donde bestias arcanas eran despertadas de su eterno letargo para sembrar el caos abismal. En otros relatos cuenta la invasión de los seres del mar, que, apareciendo en playas y embarcaderos desfilan hacia las ciudades creando un ejercito de aberraciones con la intención de destruir el mundo tal y como lo conocemos. Esta es la filosofía de Lovecraft, la destrucción de lo cotidiano, de la realidad, para construir otra nueva, usando la sustitución del fantasma que conocemos en los cuentos antiguos de horror, por la aparición de seres aberrantes mitad hombre mitad pez, cadáveres vivos con malformaciones o dioses tentaculares sin ningún tipo de compasión hacia el género humano.

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Fue el autor, predecesor de muchos de los escritores de novela de terror actuales como Stephen King o Anne Rice, basándose estos en arquetipos clásicos como apariciones espectrales, figuras típicas del horror como vampiros o licántropos o muertos que vuelven de sus tumbas, figuras que datan de antes que los cuentos de Lovecraft. Podríamos decir que este y sus fieles discípulos marcaron una época en la literatura fantástica, ya que usaron ingredientes que nunca antes habían sido usados y que por el momento tampoco aparecen en ninguna de las novelas o cuentos de terror contemporáneo. Así pues, podríamos considerar a Howard Philips Lovecraf una figura realmente única y original en su ámbito. El único heredero de su propia fantasía, el creador de mundos.