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Estilo Gonzo

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Hunter S. Thompson escribe desde el interior de una capsula de LSD. Sus constantes devaneos con las sustancias ilegales lo sitúan en el peldaño más alto de los ousiders con pedigree de estrella del rock. Pero aún así, durante toda su vida, Hunter estuvo considerado como un personaje altamente integro y honesto. Al igual que su trabajo, que siempre estuvo bien considerado y cualificado de impecable por todos aquellos con los que había trabajado. En el libro “El escritor gonzo”, se relata toda su vida en cartas, escribiendo a sus antiguas novias, compañeros de trabajo o incluso personalidades pertenecientes a las más altas esferas.

El escritor siempre prefirió escribir la noticia desde el interior, diluyéndose en el escenario y comiendo del mismo plato que sus protagonistas para sacarle todo el jugo. Desde el ángulo más cercano, se saborea mejor el momento. Y así procedió Hunter con todo su trabajo. Tratando de ser lo más sincero posible y no cesando nunca en su empeño de sacar lo mejor de sí mismo. Cuando se proclamó creador del “periodismo gonzo”, el autor trató de mostrar la eliminación en el artículo de la división entre sujeto y objeto, ficción y no-ficción, y objetividad y subjetividad, mostrándose así más libre y dando mayor juego a las frases.

Ni cuando debía tres meses de alquiler y los Ángeles del Infierno llamaban continuamente a su casa, cesó en su intento de convertirse en todo un icono del periodismo. Mezcló un montón de sustancias nefandas que sirvieron de canal para que sus palabras pudieran navegar por el inagotable maremoto de la información. Viajó allí donde estaba la noticia, subiéndose en barcazas ilegales que transportaban licor y cerveza por la región de Aruba, escribiendo cartas con un ansia casi enfermiza a editores, periódicos y personalidades para mostrar su agradecimiento o su más completo desagrado hacia lo que él consideraba digno de mención: el asesinato de Kennedy, el extraño fenómeno de Ken Kesey y el LSD, los Ángeles del Infierno y su peculiar forma de entender al mundo (o de desentenderlo) y sobretodo el modo de redactar de los periodistas de su época.

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Hunter consideraba que muchos de sus colegas de trabajo eran la mayor pandilla de chupópteros y pelotas con los que se había topado en toda su vida. Los redactores de los periódicos de mayor tirada de su país ofrecían un espectáculo de servilismo plasmado con tecnicismos que nada nuevo ni bueno podían ofrecer al lector. El periodismo se encontraba (y aun se encuentra) en un periodo de querer camuflar la verdad con aquello que la omnipotente y casi ‘divina esfera superior humana’ dictamina hacia lo que se considera de su propiedad, en este caso sus lacayos. El pueblo llano. El Medievo aun no ha llegado a su fin. El Doctor Gonzo, como en muchas ocasiones fue nombrado, insistía en querer mostrar la verdad de todo lo que estaba ocurriendo.

Es por ello que fundó el ‘periodismo gonzo’, donde el escritor se situaba dentro de la acción, justo en el centro del torbellino para insistir en su empeño por mostrar la verdad. Su afición a las sustancias tóxicas nunca perjudicaron su trabajo, es más, según sus palabras Hunter podía sacarle el mayor partido a todo lo que inhalaba, fumaba o ingería; “Una chapa de ácido cuesta cinco dólares y con ella puedes escuchar toda la Sinfonía Universal con Dios cantando en solitario y el Espíritu Santo en los timbales”. Por lo visto a Thompson, todo lo que tomaba le sentaba de maravilla.

En el libro, editado y traducido por Anagrama, se vislumbran claramente las intenciones reales del autor. Su empeño en ser crítico, lo fue convirtiendo con el tiempo en un modelo de periodista de investigación social y su excelente ejemplo de voluntad, paciencia, compromiso e intuición, lo situaron en todo un ejemplo de honradez personal y calidad en todo lo que escribía. El libro de buena cuenta de ello, paralelamente al trabajo del periodista más alocado de todos los tiempos.