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Palahniuk, una vida excitante y asquerosa

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Chuck Palahniuk tuvo una infancia terrible, la sucesión de situaciones anormales por las cuales fue empujado a manos de su padre, convirtieron los primeros años de su vida en una experiencia extremadamente singular. Fred Palahniuk trabajó en los ferrocarriles y cada vez que descarrilaba un tren, se llevaba a su esposa y a Chuck a revolver los escombros.

Según palabras de su hijo, “aquel acto era una mezcla entre excitante y asqueroso”.

Muchos catalogan a Chuck Palahniuk de hombre excéntrico y la verdad es que las estrafalarias costumbres de su progenitor tuvieron mucho que ver.

Fred, su padre, era un mujeriego empedernido y tenía una verdadera obsesión por Winona Ryder. En los inicios del rodaje de ‘El club de la lucha’ se rumoreó sobre su aparición en el papel de Marla Singer y su padre estaba tan obcecado con Winona que se pasaba casi cada día por el set de rodaje para conocerla. Incluso cuando David Fincher le dijo en repetidas ocasiones que el papel era para Helena Bonham Carter.

Cuando Chuck cumplió 37 años, su padre fue disparado junto con su amante a manos del ex marido de esta. Sus cuerpos fueron incinerados y relegados a nombres y recuerdos. El amor por la mujer de otro le costó la vida, y su hijo, fue el único que indirectamente pagó por ello.

Atormentado por este acontecimiento, el autor se escondió en los antidepresivos y un tiempo más tarde pudo darle algún sentido a su trauma volcando sus frustraciones en los personajes de sus novelas. Hombres y mujeres atormentados, almas en pena que trabajan como cajeros en supermercados, llevan los vaqueros rotos y se agujerean la nariz.

 Al igual que sus lectores, que nunca han sido verdaderos intelectuales.

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La obra de Palahniuk está dirigida al ciudadano de a pie, a todo aquel que come Doritos y consume material porno, al trabajador que cobra por horas y que le cuesta llegar a fin de mes…sus personajes reflejan su propio modus operandi. Las costumbres a las que somete su enrevesado raciocinio lo afectan de una forma u otra, plasmándolas en el documento en blanco.

En 1997 decidió que no quería pensar en el atuendo que debía ponerse cada mañana. Se fue a una granja y se compró quince trajes de Amish iguales. Problema solucionado.

Una vez más afloró su excéntrica personalidad.

Chuck Palhniuk se rapa la cabeza al cero de vez en cuando para reinventarse a sí mismo. “Nada es tan sagrado como para que no pueda hacerse mejor. Esa preciosa persona que uno compuso, en la que ha trabajado tanto para lucir mejor, tampoco se salva”, afirma el autor de Fantasma.

A pesar de sus excentricidades, el autor supo conjugar con exacerbada genialidad el talento junto a todos sus traumas personales. El club de lucha, Asfixia o Nana, trazan los inicios de un hombre de letras que prefiere comer hamburguesas antes que asistir a la ópera. El arte no entiende de formalismos, hecho que a menudo unos cuantos agradecemos.