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John Fante, el padre del realismo sucio

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Muchos consideran a John Fante el abuelo del realismo sucio. Ya lo dijo Bukowski, cuando le escribió el prólogo de Pregúntale al polvo, donde el autor de Mujeres, considerado el creador del realismo sucio, ya sentía la esencia de su “padre literario” susurrándole desde sus propias entrañas.

John no fue un autor reconocido hasta el día en que la muerte lo llamó a viva voz desde los pies de su cama. Durante los últimos días de su vida, en un hospital de Woodland Hills, con una pierna amputada y medio ciego, conoció a quien dijo ser su hijo literario; Bukowski, que, en un anhelo de curiosidad artística y compasión humana, quiso conocer al hombre que le mostró el camino que debían seguir sus palabras. Postrado en la cama se mostró afable e incluso quiso demostrar que había humor, que no todo eran lágrimas y muerte durante los meses en que le iban amputando miembros debido a una diabetes demasiado dura como para poder vencerla mediante medicación y palabras de ánimo. Bukowski acudía regularmente a su habitación mostrando la mejor de sus sonrisas mientras la editorial Black Sparrow Press iba publicando toda la obra de John a petición de su “hijo” literario.

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Fante siempre fue un escritor de primer orden, un autor desgarrador, fuerte y original que narraba sus andanzas con un estilo mordaz, cuya voz estaba destinada a ser escuchada por todos aquellos que sintieran el hormigueo de la sensibilidad por todos sus poros… Su secreto consistía en usar un lenguaje llano; la literatura es para todos, si alguien cree que el arte está esculpido para satisfacer la ansiedad cultural de las altas esferas está realmente equivocado. Siempre escribió, y quizás sin saberlo, para toda aquella masa desafiante, hiperconsciente, humillada y ofendida que no había podido atravesar el marco de la puerta del gran “sueño americano”. Aun así, en los tiempos que corren, algunos podrían considerarlo como a un autor actual; la gran depresión americana vuelve a estar en boca de todos convertida en “crisis” de consecuencias altamente preocupantes surgiendo desde el pasado para cubrirnos con el manto de la desesperanza. Todo vuelve. El autor resurge de entre las cenizas para aplacar con matices de romanticismo el llanto multitudinario exorcizado desde el descontento imperante. Dentro del mismo clamor de desconfianza se halla la solución. Buscar en lo más recóndito de cada uno para surgir del bache mediante artimañas que minan la incertidumbre que nos fustiga a diario.

John Fante fue un inmigrante que supo introducirse en el mundo del cine y escribir guiones para películas Hollywoodienses, a pesar de no tener demasiado éxito pudo introducirse en el oficio y ganar algo de dinero, el suficiente para llenar el hueco de descontento que siempre residió en él por ser un autor muy poco considerado por la esfera literaria de aquel entonces.

Gracias a Bukowski, pudo ser reconocido mediante su novela Pregúntale al polvo, considerada uno de los documentos mejor descritos de la vida en Los Ángeles durante la década de los años treinta, periodo en que la orgía especulativa hizo mella en todo el mundo desencadenando en una Gran Depresión. Fue un periodo muy parecido al actual, en el que los políticos deberían ser sustituidos por economistas y el descontento generalizado se convierte en noches de insomnio.

Se necesitan Fantes en la literatura, el sentimiento de desconcierto se alimenta del desespero vigente; el arte se nutre de las lágrimas del artista. En épocas oscuras surgen las mejores obras de todos los tiempos. John Fante es un buen reflejo de ello.

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John Fante, el padre del realismo sucio
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Se necesitan Fantes en la literatura, el sentimiento de desconcierto se alimenta del desespero vigente; el arte se nutre de las lágrimas del artista. En épocas oscuras surgen las mejores obras de todos los tiempos. John Fante es un buen reflejo de ello.
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